Cinco días
después de que el tifón Haiyan arrasara las provincias centrales de Filipinas,
las autoridades locales y organismos religiosos han comenzado a cavar fosas
comunes donde enterrar a las víctimas mortales y prevenir así que broten
enfermedades y epidemias.
Al menos
150 cuerpos recibieron sepultura en una de estas fosas en Palo (isla de Leyte)
y otras 55 en Barangay Paon (isla de Panay).
El Consejo
para la Gestión y Reducción de Desastres de Filipinas ha elevado a 2.275 el
número oficial de muertos en su último informe, en el que también ha confirmado
que al menos hay 3.365 heridos y 80 desaparecidos.
El
presidente de Filipinas, Benigno Aquino, por su parte, descartó la noche del
martes que el número de fallecidos alcance los 10.000, como estimó Naciones
Unidas, e indicó que la cifra rondará entre los 2.000 y los 2.500, durante una
entrevista con el canal estadounidense CNN.
Peligro de
epidemias
La
catástrofe es la más grave de Filipinas en los últimos 30 años. La Organización
Mundial de Salud (OMS) ha calificado el desastre con categoría 3, el nivel más
elevado. La organización ha equiparado la devastación causada por 'Haiyan' a la
del tsunami del Índico en 2004 o el terremoto que asoló Haití en 2010.
La
propagación de enfermedades como la gripe y la aparición del cólera u otras
epidemias es una de las máximas preocupaciones de las autoridades locales.
Desde
Tacloban, capital de la isla de Leyte y uno de los lugares más afectados, la
enviada especial de TVE, Marían Serén, informa que la prioridad de los equipos
de ayuda es atender a los heridos e instalar plantas potabilizadoras
precisamente para evitar enfermedades.
"Los
cadáveres pueden contaminar otras fuentes como el agua, pero no son los
causantes de la difusión de enfermedades", ha declarado el director de
Centro Nacional de Epidemología, Eric Tayag, al canal filipino GMA.
Los heridos
también son víctimas propiciatorias de las enfermedades. Fracturas, heridas,
infecciones, tétanos, diarrea o leptospirosis, provocada por un parásito en el
agua contaminada con desechos animales, son las complicaciones médicas más
urgentes, según Médicos sin Fronteras (MSF).
Por si
fuera poco, el paso de la tormenta tropical 'Zoraida' por la región occidental
del archipiélago ha llevado más lluvia a Tacloban y a las poblaciones cercanas.
"Pesadilla
logística"
MSF ha
calificado de "pesadilla logística" los intentos para repartir la
ayuda. "Las vías de transporte hasta el área han quedado seriamente
afectadas, lo que dificulta particularmente el acceso. El aeropuerto de Tacloban
está muy dañado y las carreteras bloqueadas con escombros", señala la ONG
en un comunicado. También resulta complicado la llegada de aviones a la vecina
isla de Cebú, donde el aeropuerto está congestionado.
Las
provisiones de alimentos y agua potable, y el suministro de material médico,
llegan con cuentagotas. "Nuestra prioridad es llegar hasta las personas en
las áreas más remotas; siempre son los últimos en recibir la ayuda que
necesitan urgentemente", ha afirmado Natasha Reyes, coordinadora de
emergencia en MSF.
La
desesperación llevó el martes a una turba de miles de afectados a asaltar un
almacén de arroz en Leyte, lo que provocó que se derrumbara un muro que mató
aplastadas a ocho personas. Cerca de unos 100.000 sacas de arroz fueron
sustraídas ante la impotencia de los miembros de la policía y soldados
desplegados en la zona para mantener la seguridad.
Sin
embargo, el embajador de Filipinas en España, Carlos Salinas, ha asegurado en
Los desayunos de TVE que "ahora que las carreteras y los aeropuertos están
abiertos los aviones están llegando con ayuda".
"En
Filipinas estamos acostumbrados a los tifones, pero no como este último",
ha añadido.
La ONU
instó el martes a la comunidad internacional a enviar ayuda por valor de 225
millones de dólares a Filipinas para desarrollar la respuesta de emergencia
durante seis meses en el país.
