MARÍA LOURDES SÁNCHEZ ICAZA
María Lourdes Sánchez Icaza es una
historia que solo ratifica cuando el arte toca la vida de alguien, llega para
quedarse, sin importar cuánto tenga que esperar para empezar a ver los frutos
del don concedido a esa persona.
Aún no cumplía los diez años cuando descubrió
en la casa del pintor Alberto Icaza la sublimidad de los trazos que él plasmaba
en los caballetes, y se fue enamorando de la fiesta de colores sobre los
lienzos hasta que comenzó a pintar con los pinceles de su maestro y pariente.
Pero esa precocidad no solo la experimentó con
los colores, sino que también invadió el terreno de la escritura, así empezó a
versificar y a relatar historias. Sin embargo, los años siguieron su curso, se
casó bastante joven y tuvo tres hijos a los que se dedicó, viviendo una especie
de divorcio con el arte.
"Me dediqué por completo a mis hijos
porque me demandaba mucho tiempo su crianza, sin embargo, en mis ratos libres a
veces aprovechaba para escribir y fui guardando mis trabajos”, recuerda la
artista leonesa.
Y al parecer ese ejercicio poco a poco la fue
reconquistando al punto de que era una especie de vicio que no la dejaba en
paz. Empezó a retomar escritos de antes y hoy, cuando ya tiene tres libros
publicados, dice: “Empecé ya grande a escribir”.
Sus obras
Su primer libro fue presentado en la
Universidad Nacional Autónoma en León, bajo el título En busca de un ángel, en
el año 2006.
“En la UNAN me lo editaron y para mí fue como
una ilusión conquistada. Me costaba creer que esa obra era mía. En busca de un
ángel trata de dos prostitutas. La actitud de una de ellas era de negatividad
frente a la vida, mientras que la otra tenía una mente totalmente positiva y
logró envolverla en esa filosofía de vida", compartió Sánchez Icaza.
“Yo supe sobre ellas --prosiguió la escritora--
porque me mandaron a llamar para ver si les podía ayudar para llevarles la
parte espiritual, hablarles de Dios, entonces las escuchaba y el dolor que
vivían me marcó. Lo que esas mujeres sufren para poder sobrevivir en un mundo
de mentiras, de engaño, de marañas, donde no tienen nada, es increíble. Ellas
no tenían nada, ni una guía ni una mano amiga, estaban atadas a ese mundo”.
Su segundo libro es Totón y Totín, cuentos de
cuentos. Según comentó, "es un libro de los niños de la calle,
protagonizado por dos huérfanos que no se sabía si eran hermanos o no, pero
ellos se unieron y enfrentaron juntos el mundo. Vivían en una metrópoli y
siempre andaban detrás de los pintores, escultores y poetas, escuchando los cuentos
y luego se iban al parque a contarlos, ya deformados por el dolor y el hambre
que ellos vivían”.
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