Aunque el magma mediático hirvió un año más a través del pop
y sus estrellas, 2013 fue un buen año para la cosecha rock, regada con
importantes retornos, aunque sin grandes cifras de ventas, que se dejaron por
el camino los registros históricos de otros ejercicios y asistieron al auge del
“streaming”.
“Bangerz”, de Miley Cyrus (Sony): Ni las ventas ni la
acogida de la crítica pop fueron espectaculares, pero el bombazo mediático de
2013 fue suyo tras demoler desnuda y a lomos de la polémica los vestigios de su
imagen infantil de Hannah Montana, con dos números 1 infecciosos como “We can’t
stop” y “Wrecking ball”, cuyo video registró un récord de casi 20 millones de
reproducciones en un día.
“The 20/20 experience”, de Justin Timberlake (Sony): El
estadounidense alcanzó la madurez artística con su primer disco tras un parón
de siete años en el que se centró en la interpretación. El sucesor del
innovador “FutureSex/LoveSounds” llegó en forma de entrega doble, con canciones
de r&b y baladas como “Mirrors”, y se convirtió en el disco más vendido del
año en el mundo.
“The next day”, de David Bowie (Sony): Paul McCartney, Joan
Jett, Sting, Elton John, Cher... Muchos fueron los regresos musicales de
artistas veteranos, pero sin duda el más sorprendente y aclamado fue el del
“Duque Blanco” después de diez años de sequía, con un disco inspirado que a
punto estuvo de llevarse el premio más prestigioso de Reino Unido, el Mercury
Prize.
“Overgrown”, de James Blake (Universal): El galardón que
escapó de las vitrinas de Bowie, el Mercury, que distingue al mejor disco del
año con sello británico, recaló en un músico joven, osado e intimista que halló
la perfecta combinación de electrónica y soul y que encarna a la generación que
aprendió a cultivar y extender su talento desde el ordenador personal de sus
cuartos.
“Random Access Memories”, de Daft Punk (Sony): Otro retorno
con sabor a triunfo. Ocho años transcurrieron entre “Human after all” y este
disco de estudio plagado de colaboradores de lujo (Giorgio Moroder, Nile
Rogers...), en el que el dúo francés de electrónica se volvió más funk que punk
y contagió al mundo con el fenómeno “Get lucky”.
“Trouble will find me”, de The National (4AD): Arcade Fire,
Arctic Monkeys, Pearl Jam... Muchos fueron los discos de rock clasificados con
nota, pero por resultado, coherencia y consolidación de una larga trayectoria,
la banda estadounidense merece un lugar entre los discos del año con esta
entrega sobresaliente.
“... Like clockwork”, de Queens of the Stone Age (Matador
Records): Dave Grohl, Mark Lanegan, Trent Reznor, Alex Turner, Nick Oliveri,
Jake Shears... ¡incluso Elton John! ¿Qué banda de rock podría reunir esta
apabullante y variopinta lista de colaboradores? La intermitente banda de Josh
Homme, que no decepcionó con su sexto disco de estudio y uno de los trabajos
más esperados del año.
“Direct hits”, de The Killers (Universal): Hacía falta un
álbum que condensara la capacidad del grupo de Las Vegas para crear con cada
disco al menos un par de himnos instantáneos y grandilocuentes, sobreponiéndose
así a las críticas mediocres de esos trabajos previos. Es lo que hace este
recopilatorio con sabor a despedida ante el arriesgado anuncio de su parón indefinido.
“Pale green
ghosts”, de John Grant (Partisan): Con sus crónicas brutalmente honestas sobre
el desamor, no exentas de altas dosis de humor, el estadounidense afincado en
Islandia añadió toques electrónicos a su fuerza lírica y el resultado encandiló
a medios y prestigiosas plataformas de venta como Rough Trade, que lo
catalogaron como lo mejor de 2013.
“The heist”, de Macklemore & Ryan Lewis (Warner): Ni la
complejidad de Kanye West ni el gancho de Eminem pudieron con un dúo novel de
hip hop que, en plena consolidación de los servicios de “streaming” como
Youtube, Spotify o Deezer, coló entre lo más escuchado de sus librerías
musicales tanto este disco como éxitos como “Can’t hold us” y “Thrift shop”.
“Corazón profundo”, de Carlos Vives (Sony): Tres premios
Grammy Latinos certificaron lo que el público latinoamericano había señalado
meses antes con varios números uno, que el embajador del vallenato colombiano
había renacido con su acertado fichaje por una multinacional después de ocho
años de ostracismo global.

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