Disfrutar
los giros. Armonizar manos en palmadas precisas, estremecer el escenario con un
leve golpe propinado con el pie descalzo y sonreír como muestra del disfrute
del “arte de contar historias”, fue lo que hicieron anoche en el Teatro
Nacional Rubén Darío, Vidha Lal y Abhimanyú Lal.
Esta pareja
originaria de la India se encargó de impregnar la Sala Mayor del teatro con
kathak, una danza que no solo es clásica de su país, sino que también está
concebida como una de las artes escénicas más dinámicas del mundo.
Ancestral o
mitológica, así podría ser definida esta expresión artística que originalmente
fue dedicada a los dioses y que, sin embargo, con el paso del tiempo rompió el
cascarón de los templos y de las cortes gubernamentales para expandirse como
fenómeno cultural.
Según los
bailarines, el kathak que ellos ejecutan actualmente es una danza simbiótica en
la que converge la herencia ritual con elementos persas y de Asia Central.
Vidha y Abhimanyú Lal llegaron a Nicaragua como embajadores culturales y son
artistas consagrados en su farándula vernácula, puesto que son discípulos del
gurú Shrimati Gata Anjali Lal.
Récord
Mundial Guiness
Su
trayectoria es amplia y afirman que no solo se han presentado en su país, sino
que también han actuado en grandes festivales internacionales. Además, es
importante destacar que Vidha es dueña absoluta del Récord Mundial Guiness en
máximo número de giros, siendo capaz de rotar su cuerpo 360 grados 103 veces en
un minuto. Y esa capacidad impresionante para girar, al compás de un
torbellino, quedó al descubierto en el espectáculo de anoche compuesto por diez
piezas, entre las que destacan Ninad, Andaz-E-Rakas y Varsha Mangal.
Con el
exuberante vestuario característico, en el que se mezclan fantasía y sobriedad,
los bailarines ejecutaron el Ninad, recurriendo a variadas técnicas de
expresión, y entrelazaron sus manos en diversas ocasiones para traer a colación
el argumento mitológico que se esconde en el pentagrama y cuya historia es una
alabanza al señor Shiva, quien sostiene a Damaru en una mano, a Trisul en la
otra y además tiene su cuello bordeado por una serpiente.
En cuanto
al Varsha Mangal, sin dudas fue uno de los cuadros dancísticos más disfrutados
por el público, en el que Vidha se adueñó del escenario y se convirtió en la
heroína Nayika, quien fue separada del hombre a quien le pertenece su corazón.
Un espectáculo combinado con sonidos capturados de la naturaleza y con poemas
que acompañan el espectacular juego de piernas con que Vidha capturó al
público.

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