Aquella
mañana del 20 de enero de 1835, mientras en Suecia nacía el científico Alfredo
Nobel, inventor de la dinamita, en nuestro país se producía una tremenda
erupción del volcán Cosigüina, registrándose así uno de los estallidos más
intensos en la historia volcánica de nuestro país.
La
explosión eruptiva fue tan intensa que las cenizas se expandieron hasta unos
1,400 kilómetros de distancia y alcanzaron toda Centroamérica, la ciudad de
México, las Antillas y Colombia, y sus espesos polvillos bloquearon la luz del
Sol en un radio de 150 kilómetros. En dos días consecutivos de erupción, las
arenas y cenizas alcanzaron una altura de dos mil metros.
El
estallido, además, produjo una enorme caldera de 2,500 metros de diámetro y 700
metros de profundidad, donde más de un siglo después, en 1938, se formó una
laguna verde y sulfurosa.
De sus casi
2 mil metros de altura, a los que originalmente se alzaba majestuoso el volcán
Cosigüina, se redujo a 872 metros de altura producto de aquella explosión que
hizo volar su cono.
Refugio de
Vida Silvestre y Reserva Natural
Desde 1958
el volcán Cosigüina fue declarado Refugio de Vida Silvestre, con una extensión
de 13 mil 160 hectáreas. Años después, en 1983, recibió la categoría de Reserva
Natural.
Durante
mucho tiempo, el volcán Cosigüina con su tupida vegetación alrededor de su
falda y del cono, sirve de refugio para cientos de especies, tanto de mamíferos
como de reptiles y aves, entre los que destacan venados cola blanca, chanchos
de monte, pavones, ardillas, loras, chocoyos, cusucos, lapas, mono araña,
tigrillos, ocelotes, búhos, gavilanes, oropéndolas y urracas, entre otras.
Además, en
los matorrales y tacotales habitan muchas especies de reptiles inofensivos como
lagartijas, garrobos, iguanas verdes, y peligrosas como serpientes de cascabel,
barba amarilla, mano de piedra, zopilotas, coral, boas, bejuquillas, ratoneras
y otras.
Arnulfo
Betanco, guardaparque del área protegida, cuenta que en el área que circunda el
volcán todavía quedan parches de lo que otrora fue un bosque de trópico seco
rico en biodiversidad vegetal y animal, donde aún existen frondosos árboles de
cedro real, ceibos, madero negro, laurel, tololo, jenízaro, guanacaste y otros,
donde anidan miles de aves nativas y migratorias.
Betanco
explica que el volcán es visitado por muchos turistas extranjeros y nacionales,
a los que él les ha servido de guía en viajes tanto a pie como a caballo y en
vehículos de doble tracción, que casi llegan hasta el cráter en la cima del
coloso, subiendo por un estrecho y pedregoso camino que ahorra un par de horas
de caminata.
Subir al
volcán no es difícil, solo hay que tener disposición y condiciones básicas de
salud, pues aunque todo el tiempo se va ascendiendo, el secreto está en asumir
la aventura con calma, así como disponerse a tomar pequeños descansos para
hidratarse y disfrutar del paisaje que se presenta alrededor.
Balcón para
observar el paisaje de tres países
El
guardaparque explica que por el sector del poblado de Potosí y Oro Verde hay
cinco senderos para subir al volcán: El Ojochal, Panamá, el Panteón, los Cerros
Chachos y Las Guacamayas, donde se encuentra la trocha para vehículos todo
terreno.
El
vehículo, si logra llegar hasta la antigua y abandonada base militar del
Ejército de Nicaragua ubicada a más de 700 metros de altura, habrá recorrido la
mayor parte del trayecto, pues ya solo queda salir del bosque y subir la parte
abierta de zarzales secos que solo reverdecen cuando está bien entrado el
invierno.
Al salir
del bosque, el visitante tiene ante sus ojos un paisaje digno de una foto de
recuerdo, pues al frente se tiene, a lo lejos, junto al mar, el Estero Padre
Ramos, y al fondo la silueta del volcán San Cristóbal, mientras que más cerca
se observan las lagunitas de las camaroneras de Puerto Morazán junto al estero,
y más a la izquierda las camaroneras hondureñas del otro lado del Golfo de
Fonseca.
Lo mejor
está al llegar a la cima del coloso apagado, desde donde se tiene una vista
panorámica privilegiada, ya que desde aquí se pueden ver los tres países
reunidos alrededor del Golfo de Fonseca.
A la
derecha, a orillas de la herradura geográfica, se observan las costas de
Honduras y su cerro de Amapala, un poco a su izquierda están las costas de El
Salvador y en el mar sus islas Meanguera y El Tamarindo. Y más a la izquierda,
frente a las faldas del Cosigüina, pero dentro del mismo Golfo se observan los islotes
de Cosigüina, que son islas rocosas que se formaron en 1835 cuando el volcán
hizo su violenta erupción, lanzando al mar parte de los materiales que formaban
su antiguo cono.
En estos
islotes, ubicados a solo tres kilómetros de la costa, se puede disfrutar del
espectáculo que brindan miles de aves marinas que habitan en los peñascos,
entre las que hay pelícanos, fragatas, cormoranes, gaviotas, anhingas y otras,
que han hecho de este sitio su hogar.
Es posible
visitar los islotes abordando un bote en el puerto de Potosí o en el poblado
que queda frente a esas enormes piedras, que recuerdan la potencia con que el
volcán Cosigüina las lanzó a muchos kilómetros de distancia durante la
erupción.
En el área
cercana al volcán, hay 21 comunidades con más de dos mil familias, que viven
principalmente de la pesca artesanal, el cultivo de granos básicos como maíz y
frijoles, además de soya, ajonjolí, sorgo, y la crianza de camarón en granja,
así como de cerdos y ganado vacuno del que producen queso, que es exportado a
Honduras y El Salvador a través del Golfo de Fonseca.
Reserva en
peligro por los “toma-tierra”
Desde hace
más de un año, la Reserva Volcán Cosigüina se encuentra amenazada por la
invasión de más de 2 mil personas que se han afincado dentro del área
protegida, talando árboles dentro del bosque, para sembrar granos básicos e
introducir la ganadería.
El
guardaparque Betanco asegura que esta invasión está terminando con el bosque y
la vida silvestre de la reserva, pues las familias que han incursionado allí no
tienen conciencia del daño que le hacen a la naturaleza.
El bosque
está siendo destruido por los ‘toma-tierra’, que además matan pavones, venados,
garrobos, cusucos y todo animal que puedan comerse, pero tambien vienen
arrasando con el bosque, talando grandes cantidades de árboles para “limpiar”
el terreno que les asigna un sujeto que dice ser presidente de los
‘toma-tierra’, y aunque se ha denunciado ese abuso, porque está haciendo
negocio con el área protegida, ninguna autoridad hace nada porque dicen que es
pariente de un alto funcionario del Marena”, asegura Betanco.
La
situación es tan crítica, que según la denuncia, los ‘toma-tierra’ en el verano
prenden fuego al monte que hay alrededor de la laguna del volcán, para que los
animales salgan huyendo y arriba los cazan con escopetas y perros, pero además,
estos bajan a los paredones donde las loras, lapas y chocoyos tienen sus nidos
y se llevan a los pichones para venderlos en Chinandega o los sacan de
contrabando hacia Honduras y El Salvador.
Por eso ya
casi no hay aves en la reserva, porque muchas especies se han extinguido o han
emigrado a otros lugares más seguros, y así como va esto, en poco tiempo ya no
habrá reserva”, concluye Betanco, el guardaparque.
Dónde comer
y dormir
En Potosí
se puede comer y dormir en el restaurante y hotel Gilmary, donde encuentra
comida a C$100 y C$150, y una noche de hospedaje cuesta C$200.
También, el
hotel y restaurante Brisas del Golfo ofrece comida a la carta y habitaciones a
US$10, US$20 y US$30 (familiares).
A 4
kilómetros de Potosí, en la comunidad La Piscina, el albergue campestre Ramsar
Ecolodge ofrece cabañas con techo de palma, donde una noche con desayuno
incluido cuesta US$15, almuerzo US$8 y cena US$6.
Además, a
solo 100 metros quedan las piscinas termales, donde el visitante se puede dar
un relajante baño.
Cómo llegar
En el
mercado de Chinandega se toman los buses que salen hacia Potosí, en el Golfo de
Fonseca. Tome en cuenta que los viajes a este lugar son escasos.
Si va en vehículo
privado, tomar la carretera a El Viejo, pasar esta ciudad y al llegar al primer
empalme doblar a la izquierda, termina el asfalto y más adelante, en una
intersección, doblar a la derecha hasta llegar a Potosí, donde debe buscar los
servicios de un guía para subir al volcán.
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