En pocos
trabajos una broma pesada contribuye a mejorar el resultado final, si bien el
cine no es como la mayoría de las profesiones. Cuando la cámara rueda, muchas
veces la puesta en escena requiere que el director mantenga engañados a los
protagonistas sobre lo que va a pasar, para conseguir arrancarles reacciones
más auténticas y naturales.
El caso de
“The deer hunter” (El cazador) es uno de los más representativos. En una escena
de gran tensión dramática cerca del final de la película, una discusión entre
Christopher Walken y Robert De Niro se salda con un escupitajo del primero al
segundo, cuya respuesta ante la cámara fue de evidente sorpresa y desconcierto.
El director
del filme, Michael Cimino, confesó en 2000 que le dio instrucciones a Walken
para que escupiera sobre De Niro sin avisar a su otro protagonista: “Se enfadó
tanto que casi abandona el plató”.
Un caso
similar tuvo lugar en “The Godfather”, con una discusión entre el padrino Vito
Corleone y su protegido, Johnny Fontane, se salda con un bofetón, propinado por
parte de Marlon Brando al actor Al Martino, que entre la sorpresa y el
nerviosismo no pudo ocultar en pantalla la sonrisa, al igual que su compañero
de reparto Robert Duvall.
El mundo de
la mafia volvió a repetir improvisación con “Goodfellas”, que en la famosa
discusión creciente en un bar de gángsteres entre Ray Liotta y Joe Pesci, no se
informó a los extras de cómo concluía, de modo que sus miradas y sonrisas
nerviosas contribuían a aportar una tensión a la escena tan palpable como real.
Las bromas
a la chica
Con
frecuencia son los propios actores los que improvisan por cuenta propia en el
set, siempre en forma de pequeñas bromas a su compañera de reparto femenina,
para arrancarles la reacción genuina que la escena necesita.
Fue el caso
de Richard Gere en “Pretty Woman”, que dio un pequeño susto a Julia Roberts
cerrando de imprevisto la tapa del collar que su personaje le regala en la
película, o de Gregory Peck en “Roman Holiday”, que fingió que su mano era
devorada por la Boca de la Verdad, para sobresalto y posterior alivio de Audrey
Hepburn.
Sin
embargo, muchas de estas bromas no son siempre agradables, como en “Kramer vs.
Kramer”, cuando Dustin Hoffman, después de dar por terminada una violenta
discusión con Meryl Streep en un bar, súbitamente estrella un vaso contra la
pared, improvisación que le costó un acalorado reproche por parte de la actriz
entre bastidores.
El terror
más real
El género
de terror supone uno de los campos de trabajo más recurridos para fabricar una
espontaneidad, que repercuta en el espectador del mismo modo en el que cunde
entre los actores.
Entre los
clásicos, destaca la escena de “The exorcist”, cuando la demoníaca niña
protagonista vomita sobre la cara del sufrido clérigo, para sorpresa del
protagonista.
Ahora bien,
el actor Jason Miller sabía que la actriz iba a expulsar un vómito verde, pero
el director William Friedkin le había prometido que dicha masa impactaría sobre
su pecho, y no sobre el rostro como finalmente quedó grabado, según detalla la
web Cracked.com.
Esta no es
la única jugarreta que el director llevó a cabo durante el rodaje, ya que en
ocasiones bajaba la temperatura de los platós para que las escenas con el vaho
y la tiritona de los sacerdotes fueran más auténticas, y de vez en cuando
disparaba distintas armas de fuego para sobresaltar a los actores, quienes
pasaban los días de rodaje en un constante estado de alerta.
La célebre
escena de “Alien” en la que el monstruo protagonista sale del pecho de John
Hurt también se llevó a cabo sin informar al resto de los actores y, una vez
dejaron de rodar, la actriz Verónica Cartwright sufrió un desmayo, mientras que
el intérprete Yaphet Kotto tuvo que retirarse a su camerino, con la presión
sanguínea por las nubes.
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